Escandinavo y disociado
…y no hablo de un vikingo misántropo, sino de una conocida estrategia alimenticia que vio la luz allá por el 1939, ahora plagiada por un nutricionista con aires de semi-dios y rebautizada como “Dieta Dunkan”.
Si bien, en las conocidas pirámides alimenticias, la ubicación natural de los carbohidratos representa la base elemental, el régimen disociado escandinavo (RDE) basa sus principios en la práctica eliminación de estos aumentando el consumo de proteínas y grasas. No obstante, esto tiene sus matices, beneficios y consecuencias que he pagado en mis enjutas carnes.
Lejos de asumirse como una pauta de nutrición estable, el RDE sólo tiene sentido en deportistas, justo una semana antes de una competición. Se estructura de la siguiente forma:
FASE I
Siete días antes de la prueba, se establece un primer periodo de descarga de glúcidos que durará tres días. Durante esta fase, se debe reducir el consumo de carbohidratos a un escaso 10% de lo habitual. Esto no supone más que unos 3-4grs. de carbohidratos por cada kilo de peso corporal, osea, un descalabro para los amantes del pan y la pasta.
Durante este periodo, la actividad deportiva se reduce significativamente aunque no se detiene. Esto produce un efecto “vaciado” de los depósitos de glucógeno y un aumento de cuerpos cetónicos, como la acetona, que son producidos a nivel hepático cuando existe un exceso de oxidación de ácidos grasos.
Las consecuencias son varias: desde una notable pérdida de peso, en su mayoría líquidos (por cada gramo de glucógeno, el cuerpo almacena de 2-4 gramos de agua), hasta un cambio de humor que no te aguantes ni tú mismo y de esto doy fe, aunque mi habitual “simpatía” ya es conocida por mis allegados. De igual modo, la falta de glucosa, principal combustible del cerebro, puede provocar episodios de desorientación y confusión puntuales aunque, confirmo, la irritabilidad se convierte en una constante.
FASE II
A partir del cuarto día, comienza la carga de glucógeno y con ello, la reconciliación con los carbohidratos. Sin perder el Norte ni organizar orgías de pasta y arroz, se procede de forma progresiva, aumentado la ingesta de estos desde unos 300grs hasta unos 600grs, cota a la que se puede llegar el día 6, es decir, el día antes de la competición.
Los beneficios más notables, comprobados en mi cuerpo serrano, son una disminución de peso notable, de entre 1,5 y 2,5kg en una semana, así como una sensación de “cuerpo prieto” muy favorable frente al espejo. En cuanto al rendimiento deportivo, la carga de glúcidos de la FASE II, contribuye a una liberación de energía muy progresiva durante la competición, destacando una mejora en esfuerzos prolongados y una mayor preservación de la musculatura al final de la prueba.
En definitiva, una estrategia que recomiendo probar por sus efectos, aunque no me cabe duda alguna de que, este tipo de variaciones bruscas, debe tener sus contraindicaciones y efectos adversos en su práctica continuada.
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