Ostracismo no viene de ostra
Si es que es verdad, tengo el blog más abandonado que un perrillo en vacaciones. Lo reconozco, la desidia se ha hecho conmigo. En alianza con la pereza y en coalición con el descuido, han creado un tridente que mantiene mi cabeza en otros menesteres.
Las últimas semanas se han tornado en caos. La vorágine diaria, de obligaciones menos complacientes y compromisos no apetecibles, me ha separado de mi bitácora de sudores. No obstante, sigo generando endorfinas, continúo en la brecha y cumplo con mi pauta deportiva cual alumno de Salesianos. Nobleza obliga y a menos de cuarenta días para el “summa cum laude” de este año, me queda el envite final que merece ser respetado como tal.
Poco tiempo, muchos quehaceres y días demasiado cortos que acaban a la hora de las brujas, postrándome en el sofá con posturas antropomórficas, mientras lucho por diez minutos de sobriedad frente a la caja lista… más lista que yo.
Nada que hacer, guerra perdida, el sueño me vence y me voy a dar un revolcón con Morfeo, pero prometo seguir aquí, explicando mis industrias cotidianas y disertando sobre absurdos que, tal vez, a alguien le interesen algún día. Amén.
Deja un comentario